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Leonardo Pérez Cruz: el “andarín” camillero cabaiguanense (+ Fotos)

El camillero conduce por los largos pasillos y elevadores,  siente que las embarazadas ya lo tienen como el abuelo de los pequeños que vinieron al mundo o como el añejo amparo de los que están por nacer

El camillero conduce por los largos pasillos y elevadores
Leonardo Pérez Cruz, camillero cabaiguanense.

Por: Osbel Ramón Díaz Mondeja

Aún el gallo duerme y siendo las  tres de la madrugada da sus primeros pasos Leonardo Pérez Cruz un abnegado trabajador de la salud que vive en la intrincada zona campesina de Manaquitas a 10 kilómetros de Cabaiguán.

Con el rocío matutino a sus espaldas y la voluntad inquebrantable por cumplir con su labor de camillero en el Hospital Provincial Camilo Cienfuegos de la provincia espirituana, en la segunda sala del materno ubicado dentro de dicha sede, se hace al angosto camino cada tres días que le corresponde laborar por turnos de 24 horas.

En su cerca de 12 años de labor en dicha institución médica, los días de frío y lluvia, nunca le han acortado el paso madrugador. Afirma: “Cuando llueve me quito los zapatos y luego de alcanzar la carretera, lavo mis pies y continuo hasta llegar  a Cabaiguán donde tomo una taza de café y logro luego de caminar cerca de tres horas subir al ómnibus destinado a los trabajadores del sector que me traslada hasta el hospital”

Nunca  ha querido acercarse geográficamente a esta profesión en centros hospitalarios en el propio municipio, mucho menos dedicarse a otro oficio, ni permutar de morada dejando atrás su adorado batey. 

Tras las camillas que conduce por los largos pasillos y elevadores siente que las embarazadas ya lo tienen como el abuelo de los pequeños que vinieron al mundo o como el añejo amparo de los que están por nacer. Cada soporte que empuja carga también el recuerdo de sus años mozos desde aquel 5 de febrero de 1960 en su natal Camagüey y las tristezas junto a sus 6 hermanos cuando imberbe quedó huérfano de los padres Felipe y Zoila.

Se alejó del agua del tinajón y por cerca de 30 años contempla los amaneceres  entre palmas y ceibas en la geografía cabaiguanense. El “andarín camillero” afirma que a su regreso luego de transitar el mismo trayecto  de la madrugada anterior lo espera el café, el amor de sus tres hijos, de sus 5 nietos y las melodías de un añejo equipo donde escucha la música del ayer reciente, esa que le ayuda a cobrar fuerzas para hacerse al camino en una nueva travesía.

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