Para los cubanos, la celebración o conmemoración del centenario del natalicio de Fidel Castro es un reto, dadas las circunstancias existentes en los momentos actuales, pero a la vez resulta una mirada constante a sus enseñanzas.

Por: Daisy Pilar Martín Ciriano.
No es difícil encontrar quien diga «¨si Fidel viviera esto se haría de otra forma o eso Fidel no lo diría» pero los momentos son diferentes a los que él y la generación pasada vivieron. Cuba y el mundo entero han cambiado.
Los que vivieron los primeros años de la Revolución, o los que antecedieron saben cuánto siguió el pueblo de Cuba a su líder, porque desde antes de la Sierra, ya era considerado como el líder y sus seguidores se autonombraban «fidelistas». No era de extrañar que en las fiestas de las casas tuvieran clavadas propagandas alegóricas a él y a la Revolución, además de consignas, incluso hasta en marcadores de libros, cristales de autos y puertas de establecimientos colocaban pegatinas, que por su contenido, hablaban del afecto y admiración que le profesaba su pueblo.
Cabaiguán no es una excepción de esta admiración hacia el Comandante. Aún hoy algunos compañeros que se encuentran vivos en el territorio, se emocionan al recordar la presencia de Fidel en 1961 cuando la lucha contrabandidos, o su llegada sin anunciar al puente de la autopista que se encuentra en Punta Diamante. Están aquellos que le vieron pasar en la caravana de la Libertad en 1959 y estamos, los que le despedimos en su viaje de retorno a Santiago de Cuba.
Este año, se releen las historias de Frei Betto, Katiuska Blanco y muchos textos más relacionados con su vida y su accionar. Porque Fidel sigue y seguirá siendo el paradigma para muchos pueblos, para el nuestro y el mundo entero.
Muy oportunas resultan las publicaciones de fragmentos de sus intervenciones en Conferencias, Fórum y reuniones en el mundo, también aquí.
Escucharlo es comprender su claridad a muchos años de que ocurrieran los hechos. Y eso solo lo comprende el que sabe de historia, el que lejos de la politiquería, aborda los males y peligros que él avizoraba. Por eso esa expresión que aclama a Fidel vivo, es comprensible, pero en realidad sigue vivo por su obra, sus enseñanzas y todo el bien que programó, no solo para Cuba, sino también para el mundo.