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COVID-19: ¿Narices extraviadas en Cabaiguán?

Junio muestra al municipio la cólera de la COVID-19, enfermedad que acumula más de un centenar de casos en el mes. Mientras la emboscada de la pandemia continúa, algunos olfatos no huelen el peligro

COVID-19 en Cabaiguan
En Cabaiguán la mayor complejidad sanitaria la presentan hoy las áreas urbanas de salud I y II.

Los síntomas del SARS-CoV-2 no son los mismos desde su debut a la fecha. Expertos del King’s College de Londres, a cargo de primerísimas indagaciones a nivel internacional enfocadas en el estudio de este coronavirus, consideran que “la pandemia ahora actúa de manera diferente”. Según investigaciones, la variante detectada en la India, clasificada por la Organización Mundial de la Salud como Delta, añade otra lista de trastornos al cuadro clínico de los diagnosticados.

Cabaiguán cruza los dedos para no experimentar ni en sueños tales indicios que han puesto de cabeza a pacientes y retan a las autoridades sanitarias del orbe.

Entre las principales señales de la COVID-19 descritas por los coterráneos en las encuestas epidemiológicas clasifican tos, fiebre, dolor de garganta, rinorrea y malestar general, sospechas que durante las últimas semanas colman las camas en los centros de aislamiento.

La pérdida o cambio repentino en el sentido de olfato y el gusto también resultan síntomas reportados por los cabaiguanenses positivos a la enfermedad. Pero en una particular anosmia, distante de esa conocida disminución de la capacidad humana para percibir los olores, me detengo.

Independientemente de esas afectaciones, pareciera que ciertas personas tienen obstruidas las fosas nasales sin haber sido víctimas del patógeno porque ni de cerca, con algún vecino cuyas barbas permanecen en remojo, huelen el peligro.

Tamaña ignorancia facilita que la COVID-19 ande desbocada. Solo en el transcurso de junio suman 154 los casos registrados y los dos picos recientes en la curva de contagios alertan sobre los altos niveles de infestación. Hoy números repartidos sobremanera en las áreas urbanas de Salud.

Del total de pacientes confirmados en la semana inmediata, siete son menores de edad, entre ellos un lactante de tres meses. Tampoco baja la cifra de los adultos mayores diagnosticados, siete en ese lapso, otro grupo de riesgo que tal vez escuche este comentario en la cola de la panadería o la farmacia.

Desde marzo de 2020 se advirtió a las personas más longevas no asomarse ni a la puerta de la casa; mas ciertas canas rebeldes, con o sin necesidad, desandan el pueblo. Del SARS-CoV-2 saben los encamados y el desliz recae en los familiares que permiten visitas y descuidan demás protocolos de bioseguridad.

Hace más de un año que las medidas de enfrentamiento a la pandemia deberían recitarse de memoria pero los oídos continúan sordos ante el aumento de fallecidos en el país, dígitos que atragantan.

Y aparece otro signo alarmante: la especulación. Bolas que ruedan, mejor avalanchas sobre noveles normativas cuando no se han dictado indicaciones diferentes, solo reforzar las regulaciones aplicadas. Sin embargo con tantas restricciones, las indisciplinas tientan la enfermedad.

Aunque pedir un permiso de autorización para viajar fuera del territorio ya se revisa a cuatro ojos, todavía hay quienes burlan la ley y enderezan caminos rurales para ir tras la captura de una enemiga capaz de mantenernos en fase de transmisión autóctona limitada durante meses.

Ejemplos de insensatez hay para mencionar de aquí a Roma. Negaciones a ingresar en centros de aislamiento, jugar dominó en esas instalaciones, acompañar la hospitalización con dosis etílicas, culpar de negligentes a los galenos, morosidad en los protocolos de actuación y autoresponsabilizarse con la vigilancia de pacientes en el hogar, decisión que no siempre tiene felices desenlaces, engordan al coronavirus.

Despertar mañana con un panorama epidemiológico más despejado está por verse pero de accionar con prudencia se logra. El nasobuco protege, no perjudica el sentido del olfato, la enfermedad puede que sí. Mas la congestión nasal resulta tendencia en Cabaiguán hasta en las personas sanas, síntoma que estamos pagando caro.

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