martes, junio 15El Sonido de la Comunidad
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El tostadero de café El Indio

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Por Daisy Pilar Martín Ciriano

La fama alcanzada por el territorio cabaiguanense en los inicios del siglo XX, trascendió con rapidez entre los comerciantes, provocando que muchos de ellos trasladaran sus negocios  para el poblado.

Desde finales de la década de 1910 se avizoraba un despegue comercial en el territorio, liderado por el cultivo del tabaco y su elaboración, así como el establecimiento de diversos comercios.

En el año 1917, se instaló en la calle Hernández Leal el tostadero de café El Indio, de los peninsulares Agapito Roiz y Ricardo Callejo ‒propietarios de la firma comercial Callejo y Roiz que con modernas maquinarias eléctricas llegaron a generar una producción de 400 quintales mensuales.

Con el aumento paulatino de la venta de café fue necesario ampliar la torrefactora y sus propietarios construyeron en 1926, un amplio local de mampostería que abarcó un espacio de 1400 metros. Dotando la misma de modernas maquinarias

Esta firma vendía café molido y en grano. Además gozaba de excelentes carros de reparto que ganaban a diario una amplia clientela en el territorio. El café que se procesaba provenía de la región oriental de Cuba.

La impronta de Callejo y Roiz, aun se distingue en un viejo banco de granito, donde al igual que otros comerciantes y centros, plasmaron su identidad como regalo propagandístico a los cabaiguanenses.

En 1961, el tostadero pasó a ser atendido por el MINAL y se denominó con el nombre de Torrefactora “Manuel González Crespo” en recordación al mártir cabaiguanense asesinado en 1957 en la zona de La Llorona, en el Escambray.

Como es habitual, el seductor aroma del café recién tostado, que emana de sus torres y molino envuelve los alrededores cercanos al tostadero, y para el transeúnte resulta como una invitación a una buena taza de café.

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