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Juana María: una Heroína para todos los tiempos

2 foto Juana

Por Elsa Ramos Ramírez

“No me gusta ser ama de casa, si muero, voy a morir allí donde la haga falta a la Revolución”. Es Juana María Blanco Santo, la única Heroína del Trabajo de la República de Cuba que tiene Sancti Spíritus.

Lo dice y debes creerle. Con 71 años sigue refrendando su título en la finca “La Victoria”, de la UBPC Guayos en Cabaiguán. Ahora que Cuba necesita de la comida donde quiera que esté para enfrentar la COVID 19, a esta mujer parecen renacerle las fuerzas.

“Siempre he tenido la tarea de producir más y no lo estoy haciendo ahora porque el país necesite más, es que siempre quiero más”.

Es así. Lo saben quienes le conocen desde que en sus años mozos enfrentó cañaverales o levantó una finca en medio de un marabuzal y que le sumó grados a un reconocimiento del que no suele jactarse: “A mí me hicieron heroína, pero nunca trabajé por Heroína, sino por necesidad y ahora trabajo por amor porque no necesito trabajar para vivir.

Con el retiro que tengo pudiera estar aquí viperamente viviendo porque no tengo vicios de nada, no fumo, no tomo y viendo la necesidad que tiene el país de que todos nos pónganos y ayúdenos a resolver problemas que son de nosotros mismos”.

Por eso nadie tuvo que llamarla para llevar la comida hasta los centros de aislamiento en Cabaiguán. Cuenta que quiso donar unos toros a título personal “de los que dejó mi esposo que eran de él, pero me dijeron que debía ser a través del matadero, entonces me puse y entregué otras cosas.
“Los trabajadores de la UBPC llevamos puerco pa los enfermos que están a la espera de que hagan las pruebas, allá en Arroyo Lajas, no sé bien: llevamos arroz, frijoles, yuca, cerdo, plátano, ají, ajo y todo lo que sea necesario llevar para allí mientras esto esté como está, estoy dispuesta a seguir donando, lo mismo pa ese, que pa un hospital, pa donde ellos digan que hay que mandar, na má que hay que darme una orden que eso va para allí”.

A fuerza de trabajo Juana María Blanco ha levantado un reservorio productivo con todo tipo de cultivo y la crianza de disimiles animales. Su divisa: un regio ejemplo personal de exigencia, control y una economía exquisita, que ha llevado a su finca a ser rentable por más de 30 años
“Ahora mismo con la sumergible que no levanta los esplines, estoy llenando tanques de agua y con los hombres cubo a cubo estoy sembrando calabazares, voy a sembrar boniato ahora, con mucho sacrificio, sin perder ningún día de trabajo, laborando todas las horas que sean necesarias”.

Y se le siente un regocijo natural: “Por estos días voy a entregarle unas nueve toneladas de carne al matadero del porcino ahora que casi nadie tiene cerdo, me siento orgullosa cuando llego allí con una rastra llena de puerco porque yo sí tengo”.

A sus tierras le quedan reservas para dar y autoabastecerse: “abastezco a la UBPC y dono a los centros del estado, y el 80 por ciento de la comida de los trabajadores sale de mis tierras y yo misma se la cocino en pipa”.

No esconde para hablar de una de sus claves en la conducción de la finca: “siempre soy regañona porque me gusta todo bien hecho porque de ahí sale la buena productividad y eso lleva su exigencia, su buen trabajo, su buena siembra para ver el fruto, ah y todo lo que tú haces, si no contabilizas se te escarrea, usted pasa el conteo por la mañana y por la tarde y no se pierde nada. A veces a la una o dos de la mañana estoy llamando a los guardias si siento los perros ladrar, yo con dos o tres horas que duerma con eso tengo”.

Y si de revendedores se trata: “No me gusta que un tipo venga y se lleve un mazo de ajo que yo se lo doy baratísimo para entonces yo verlo más adelante vendiendo a dos o tres pesos la cabeza, yo los odio, ni los quiero ver, a mí no me pueden venir a comprar ni un saco de yuca”.

En tiempos de COVID- 19 Juana María prescribe la recta para sus trabajadores: “Les peleo mucho como si fuera una madre: y les digo que no pueden ir al pueblo, que no pueden ajuntarse con nadie y en la finca cada uno tiene su jarro, su plato, una palangana para que se laven las manos cada vez que se vayan a comer un alimento, les he hecho un comedor a distancia, ellos mismos me protegen a mí porque dicen que no me puedo enfermar porque soy como la madre que me necesitan.

Desde la autoridad de su corona de Heroína, tiene para todos unos consejo a la manera en que solo sabe decirlo esta mujer imprescindible: “Debemos ver cuánto valor humano tienen esos compañeros que trabajan día y noche velando si nos ajuntamos, si hacemos cola, nadie nos pregunta si tenemos un medio o no lo tenemos pa ingresarnos, en estos días mi hijo me decía pareces una terrateniente…porque me pongo cabrona cuando veo la gente incumpliendo con las cosas que le dicen que no las hagan y las hacen , viendo que es bien de tu salud pa que no te mueras , pa que no contagies, a nadie ni a tu familia, velando por ti pa que tú no lo hagas y entonces yo me pregunto y entonces me pregunto si estuviéramos en una guerra qué pasaría, porque no es a los niños a quien hay que regañarlos es a las personas mayores, que están indisciplinaos, que nunca han comido tanto como el estado se ha encargado de abastecerlos ahí, ahí, ahí , yo no he estado metida en ninguna cola de esas y no me he quedado sin comer porque siembro, si se dedicaran a sembrar eso, no hubiera tanta gente metía ahí detrás de na de eso y hubiera más producción pa resolverle al que no puede sembrar”.
Y aunque ahora los donativos están a la orden del día, para esta mujer regalar alimentos forma parte de su rutina cotidiana. Lo saben los abuelos de los hogares cabaiguanenses: “todas las semanas a esos abuelitos les llevo frijoles blancos, negros, colorao, yuca, plátanos maduros, de frutas, hortalizas de todas las que hay…ellos están locos pa que yo vaya porque me quieren conocer, pero nunca he querido ir porque en fin de cuentas, yo no quiero que me reconozcan nada, sino que sientan que una mujer les está mandando todo lo que a ellos les gusta. La administradora me dijo que fuera, entonces le dije que cuando esto pase ellos me van a conocer, me voy a aparecer allí con un kake, con algo, no sé pa cantar aunque sea el himno nacional”.

Juana María Blanco Santo, la única espirituana Heroína del Trabajo de la República de Cuba se ganó hace rato un aplauso enorme. Mas desde su trono de humildad dispensa el suyo cada noche para personas que según ella, lo merecen mucho más: “y diciendo que hay que aplaudir más tiempo porque eso no está por cuota, ah y ayudarle a Díaz- Canel que se merece todo por lo que está haciendo por este país.

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