Mildrey Rodríguez Alemán, fue una destacada cabaiguanense que se desempeñó su trabajo en la Dirección de Cultura en el municipio

Por : Hugo Crespo Crespo.
Aun no atino a escribirte esta crónica, pero me hago la idea que me lo estás pidiendo como solías hacer con cualquiera de las situaciones que se te presentaban ante lo cual jamás te dije, no. Entonces me llega esa fuerza que viene desde la tierra y del espacio, se unen y me permiten acceder a que mis ideas y pulso realicen la mejor obra, de las que un día me pediste.
La noticia no fue nada fácil recibirla y aceptarla, aun con mis dudas corrí hacia el sitio donde se acude en estos casos, pero ya habías marchado hacia el lugar de origen, ese donde diste los primeros pasos y aprendiste las primeras letras, ese donde están tus ancestros y seres queridos. Fue entonces que debido a situaciones inaplazables, no pude acompañarte hasta tu última morada, ni estar con los tuyos, pero aun no concibo el hecho y tardaré en creerlo.
No obstante convencido del efecto real, te evocaré desde el primer momento en que comenzaron a cruzarse nuestras labores en el plano cultural.
Exactamente no recuerdo el momento, pero fue en un taller de promotores culturales que me invitaste a participar para hacerlo después en todos los que planificaste. Fue allí donde surgió la idea de incorporarte a la Unión de historiadores, lo que sin titubeos aceptaste, y sin tapujos siempre apoyaste nuestras actividades a pesar de los difíciles momentos que tuviste que enfrentar desde 2019 hasta la fecha, tratando de mantener viva la cultura de este pueblo, en contra de vientos y mareas.
De ti pueden que otros tengan criterios opuestos, pero yo vi a una persona que sin ser erudita, se creció entre músicos, pintores, poetas, escritores, bailarines, historiadores, investigadores, para poder dirigir la actividad artística en el territorio.
Escalaste peldaños, y siempre que te llamaron ahí estabas. Te desdoblaste como jefa de los promotores culturales, directora de la casa de cultura y de ahí a pesar de tu negativa dirigiste esta gran orquesta hasta el triste día en que te marchaste sin poder concluir algunos de los anhelos que siempre expresaste de forma pública para este sector.
Sabías combinar la seriedad y el respeto, con la alegría de tu ser para con tus semejantes. Comprendías los problemas ajenos, pero exigías, porque supiste que el deber está por encima de todo, sin perder la ternura.
Tu casa se convirtió en sed de grabaciones para que la más reciente edición del concurso de música Arturo Alonso Díaz pudiera deleitar a este pueblo de un espectáculo que moviliza multitudes en este terruño que él mismo llamó Mi lindo Cabaiguán.
Estabas en cada evento, en cada taller, buscando como con una varita mágica todo lo que hiciera falta para que los que allí estaban se sintieran con placer y atendidos, pero siempre abogando por la disciplina.
Tus instituciones las dejaste sin las mejores galas, pero supimos de tus esfuerzos para recatarlas, como el Museo Municipal, la sala comandancia del Che y la propia Dirección de Cultura que supiste compartir con los trabajadores del registro civil. Lo demás no estaba en tus posibilidades, porque de tu propio bolsillo salió el dinero en ocasiones para apoyar la logística de varias actividades.
Pero tú tenías un don, de que muchos te siguieron y respondieron en cada situación, tus promotores culturales que ayudaste a formar y guiaste con pasión, otros en cada institución y en la propia dirección de la entidad, a miembros de la Unhic y de la Uneac.
Tu elegancia siempre y colores que combinaban con el verde de tus ojos vislumbraban ante la escena y siempre a pesar de lo difícil de tu encargo encontrábamos una sonrisa en tu rostro.
Gracias Mildrey Rodríguez Alemán, por todo lo que con valentía y tenacidad lograste en un sector que no tiene descanso, ni horario, ni días de la semana.
Gracias por lograr para Cabaiguán varios éxitos en la cultura a pesar de las condiciones y retos que golpean a la sociedad. Lo que no conseguiste no estuvo en tu poder, pero con lo poco que existió, las artes en este sitio del centro de Cuba fueron y serán referencia para quienes hacen de la cultura escudo y espada de la nación.
Descansa en paz, amiga, compañera, excelente hija, madre ejemplar, esposa, dirigente y mujer emprendedora.
Estamos convencidos que muchos te recordaremos y defenderemos tus empeños en hacer por los demás desde los escollos, sin embargo descuidaste de tu propia existencia.
Un adiós no vale, tu titánica tarea, que otros no quisieron aceptar, te hacen inmortal ante hombres y mujeres de la cultura cabaiguanense y de los agradecidos de este pueblo hasta dónde irradiaste como guía el alimento del espíritu de nuestra gente.




