La lectura instruye y ayuda a los lectores de todas las edades a conocer sobre los diferentes aspectos. Es, sin dudas, la mejor manera de apegarse al conocimiento para potenciar el desarrollo intelectual de las generaciones

Por: Daisy Pilar Martín Ciriano
Muchos recuerdos trae este tema a los jóvenes que vivieron su niñez en la década de 1980. Por este tiempo la literatura infantil fue pródiga y en las librerías y estanquillos se ofrecían infinidad de textos asequibles e instructivos.
Aunque esta generación ya no es tan joven, mucho disfrutó de las publicaciones rusas y chinas, que arribaban al país, sobre todo desde la URSS. Aquellos textos ensamblados en en papel de buena calidad, con imágenes coloridas y anécdotas encantadores, hasta llegar a la Revista Misha, que se distribuía de forma mensual. Se debe destacar la calidad e ingenio para confeccionar los libros de cuentos con movimiento de los personajes de cada página, entre ellos está la Caperucita Roja. Estos libros eran toda una atracción, así como los cuentos tradicionales rusos, entre los que se destaca El gallito de la cresta de oro.
Pero en este tema hay que resaltar también a la literatura cubana. Por ejemplo las publicaciones de la Editorial Pueblo y Educación, donde además de los textos infantiles se insertaban algunos textos dirigidos a los jóvenes. Muy modesta, pero hermosa publicación traía la revista Zunzún, que circulaba mensualmente, al igual que Bijirita. Estas revistas eran un primor en las manos de los niños y en ocasiones traían figuras para recortar, así como pequeños cuentos infantiles que conformaban en manos de los niños la colección de cuentos Zunzún. Esta se encuentran libritos de cuentos tradicionales cubanos como Piel de asno, La bella durmiente, El camarón encantado, entre otros.
A toda esta gran oferta literaria, se unía la biblioteca municipal y la escolar. Ambas estaban repletas de ejemplares atractivos donde los niños y jóvenes, no solo se recreaban, sino que disfrutaban la lectura, enriquecían su vocabulario, ocupaban su tiempo libre y mejoraban al máximo su ortografía.
Hoy, este hábito por la lectura ha disminuido notablemente, tal vez, también el internet lo ha opacado, apoyado en la escasa publicación de estos textos. Pero los que vivieron aquella estapa luminosa de la literatura infantil nunca olvidarán cada narración, y muchos, conservarán estos ejemplares, que ahora usa para instruir y recrear a su hijo, porque la lectura, es y será siempre, fuente de recreo e instucción