El acto provincial para celebrar la fiesta del conocimiento tiene lugar en la mañana de este martes en la Escuela Primaria Julio Antonio Mella, de la villa del Yayabo

Para cuando los niños y niñas de Sancti Spíritus salieron de casa esta mañana, uniformados y mochila en ristre, las familias llevaban ya varias jornadas ultimando detalles: lavando y planchando las prendas nuevas o arregladas, reuniendo para las meriendas, comprando forros, lápices, gomas, sacapuntas…
La estampa se repitió a lo largo y ancho de toda la geografía provincial, lo mismo en las cabeceras municipales, que en los más recónditos parajes de las serranías. Y es que este martes primero de septiembre, Sancti Spíritus, al igual que toda Cuba, abre sus puertas al curso escolar 2026-2027 y, como cada año, la jornada se convierte en día de celebración puertas adentro del hogar.
Pero esta fiesta de septiembre llega en medio de un complejo escenario —apagones prolongados, inflación, falta de combustible y, por ende, de transporte—; un contexto que impone particularidades y reajustes que no pueden obviarse.
El nuevo período lectivo no será una copia del anterior, sino que defenderá, en la medida que las condiciones del territorio lo permitan, la mayor presencialidad posible. El objetivo es claro: que los estudiantes puedan recibir la atención directa de sus docentes.
No obstante, para lograrlo, el sistema educacional espirituano ha tenido que desplegar un amplio diapasón de alternativas que parten de la descentralización de los estudiantes, una medida implementada desde febrero pasado y que ahora se reajusta para hacerla sostenible a lo largo de todo el ciclo lectivo.
Los desafíos son múltiples y de diversa índole. La cobertura docente, por ejemplo, continúa siendo un tema sensible en la provincia. Según precisó el máster en Ciencias Andrei Armas Bravo, director general de Educación en Sancti Spíritus, el indicador se encuentra en un 65,62 por ciento, lo que supone un total de 2 272 necesidades docentes, de las cuales 150 no han podido ser cubiertas con ninguna alternativa. Cabaiguán, La Sierpe y Jatibonico resultan los municipios más afectados. A ello se suma el duro golpe del incumplimiento del plan de ingreso a la formación pedagógica, que cerró en un 40 por ciento. “Sigue siendo un reto para nosotros como sistema de Educación —admitió Armas Bravo—, y atenta directamente contra la cobertura docente”.
Pero las dificultades no terminan ahí. La doble sesión de clases se mantendrá, y para sostener los seminternados se realizan estudios que permitan conocer quiénes necesitan realmente el servicio y quiénes pueden almorzar en casa.
Tampoco se brindará la merienda escolar para las secundarias básicas, aunque se atenderá a aquellos educandos que lo requieran para que puedan almorzar en centros cercanos.
En la enseñanza preuniversitaria, por su parte, los estudiantes afectados por la lejanía de sus zonas de residencia serán atendidos mediante concentrados en comunidades cercanas. El IPVCE Eusebio Olivera comenzará como centro interno con un sistema de pases, y la Enseñanza Técnica y Profesional se mantiene con los estudiantes vinculados a entidades laborales.
En medio de este panorama, un actor cobra especial relevancia: las 91 Zonas Educativas de la provincia, que serán esenciales en el acompañamiento y protección de los educandos una vez terminen los concentrados.
Y es que la escuela, por sí sola, no puede. La fiesta escolar de septiembre no sería posible sin el concurso de la familia y la comunidad. Por eso, el llamado de las autoridades educativas es a la unidad. “Este curso escolar no dejará de ser una fiesta de pueblo, donde la familia y la comunidad se unen a los docentes y centros educativos en función del bienestar de los niños, adolescentes y jóvenes, que es nuestra principal misión”, sentenció Armas Bravo.
No son pocos los retos. La base material de estudios está garantizada, al igual que los recursos básicos. El transporte escolar satisface las prioridades y se buscan variantes con diferentes medios de la provincia. Y prosigue la transformación de la matriz energética en el sector, con 34 lámparas solares, cuatro estaciones de bombeo con paneles solares y sistemas fotovoltaicos en varias instituciones.
Pero la verdadera fortaleza del sistema educacional espirituano —y cubano— reside en la capacidad de sus maestros, en el respaldo de las familias y en la voluntad de una comunidad que, una vez más, se apresta a convertir el regreso a las aulas en una celebración compartida.
Porque el curso que comienza, con todas sus complejidades, no es solo de los estudiantes y los docentes. Es de todos. Y solo con el esfuerzo coordinado de la escuela y el hogar, en constante comunicación, podrán superarse los desafíos que enfrentan las familias desde ya, cuando sus niños y niñas entran nuevamente a las aulas.